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Aquí nació el Impresionismo

Le Havre, cuna del Arte Moderno

Aunque Boudin, maestro de Monet, nació en Honfleur dio sus primeros pasos y desarrolló su talento en Le Havre. Algunos años más tarde, Monet puso la primera piedra del movimiento que fundó el Arte Moderno con su Impresión, sol naciente de la que a menudo nos olvidamos que nació en Le Havre, no lejos del semáforo, ya que se conserva en el Museo Marmottan. La excepcional luz de la desembocadura del estuario resulta determinante, como escribirá y reivindicará algunos años más tarde Raoul Dufy. Le Havre, su puerto, su playa o sus regatas inspiraron a todos los actores principales de este movimiento (Pissarro, Sisley, Boudin, Monet, Jongkind, etc.).

Al cuestionar siglos de pintura académica y codificada, Monet y los pintores impresionistas aportaron un soplo de aire fresco. Actualmente, según la mayor parte del público, esta pintura sigue siendo la época más amada y fascinante.

Los pintores impresionistas, aunque siguieron manteniendo el vínculo con la pintura del mundo real, se liberaron completamente de las limitaciones del pasado, al elegir con libertad los temas abordados, extraídos de la vida cotidiana y al representar las cosas de un modo innovador. Lo que realmente les importaba era la visión y la búsqueda pictórica del artista: un tema que vale para otro.

El impresionismo supo dar una visión moderna del mundo, al elegir temas antes no abordados en la pintura, liberados de cánones pictóricos ancestrales, para inventar una nueva percepción, que respondiera al deseo de dar prioridad a la «impresión» instantánea frente a la construcción del espíritu: pintar al natural, sobre el motivo y salir del taller para ir al encuentro de lo real. Al diablo con las «grandes máquinas» históricas o mitológicas de los pintores académicos situados en los órdenes del poder, los impresionistas deseaban expresar la belleza sencilla de la naturaleza o incluso la vida de sus contemporáneos.

Todos estos artistas buscaron lugares a los que no hubiera llegado la revolución industrial (Barbizon, Normandía, etc.). Por ello, confirieron a su estilo cierta dimensión sociológica y geográfica.

Los discípulos de este movimiento libraron un combate, comenzado por Manet en 1860, contra las telarañas de un arte envejecido, con convenciones demasiado sólidas, para hacer que se admitiera y se reconociera una nueva pintura realista contemporánea que rechazara de forma definitiva la anhelada búsqueda por parte de los clásicos de belleza ideal y esencia eterna de las cosas.

Al arte oficial del Segundo Imperio se opuso un arte independiente y contestatario. La fórmula de Manet: «Pinto lo que veo y no lo que le gusta ver a los demás», resume en sí misma la reivindicación del artista de dar su visión personal, la de su propia sensibilidad. Los impresionistas introdujeron cierto número de procedimientos pictóricos: el uso de los tonos claros, la división de tonos (un naranja se representa mediante la yuxtaposición de dos colores puros, el rojo y el amarillo), la obtención de la forma y del volumen mediante las pinceladas y los colores en lugar del dibujo-contorno, el uso del espesor, etc.

Aunque hoy en día los impresionistas se encuentran en el firmamento de la pintura (solo hay que observar el entusiasmo por la donación Senn Foulds al MuMa, Museo de Arte Moderno André Malraux), cabe recordar hasta qué punto su pintura fue incomprendida, rechazada e incluso deshonrada en su época. Pero, contra viento y marea, todos estos artistas mantuvieron su rumbo sin intentar modificarlo un solo segundo, preocupados por gustar al público. De hecho este último, poco a poco, fue el que se acercó a ellos.

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Le Havre Impresionista y Fauvista es una aplicación oficial de la Oficina de Turismo de la Aglomeración Urbana de Le Havre.

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