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Patrimonio Mundial

Le Havre incluido en el Patrimonio Mundial

En julio de 2005, la UNESCO incluyó en la lista de Patrimonio Mundial el centro de Le Havre, reconstruido por Auguste Perret. Importante arquitecto del siglo XX, verdadero «poeta del hormigón», original e innovador, el Taller Perret superó el reto de inspirarse, al mismo tiempo, en la tradición clásica y en una fuerte voluntad de modernización para reinventar, en 133 hectáreas, una ciudad única con una arquitectura sencilla, ligera, armoniosa y decididamente innovadora.

El centro-ciudad de Le Havre es el primer conjunto urbano europeo del siglo XX incluido en el Patrimonio Mundial.

«Las creaciones humanas provienen de la historia que las rodea».
Auguste Perret

Auguste Perret, el poeta del hormigón

Auguste Perret, el poeta del hormigón
Duramente bombardeada al final de la Segunda Guerra Mundial, Le Havre fue una de las ciudades más dañadas de Europa: de 160.000 habitantes, 5.000 fallecieron y 80.000 perdieron sus hogares; las 150 hectáreas del centro histórico quedaron devastadas.

Además de su papel preponderante en el comercio exterior, la ciudad marítima y portuaria está estrechamente relacionada con el tráfico de trasatlánticos: por lo tanto, su reconstrucción, convertida en prioridad nacional, tenía que reflejar el renacimiento del país a ojos del mundo. El Gobierno francés de posguerra reunió aquí todas las competencias necesarias para construir una ciudad modelo.

Se unieron discípulos y antiguos alumnos de Auguste Perret y crearon un taller de reconstrucción de Le Havre. Diseñaron una ciudad nueva destinada a realojar a los 40.000 habitantes del centro-ciudad. Este último incluye unas 10.000 viviendas repartidas en unos 150 islotes ortogonales, situados en dos entramados urbanos que bordean los antiguos muelles. Dentro de esta doble disposición, la rue de Paris, la avenue Foch y el boulervad François Ier conforman un «triángulo monumental» que aquí retoma la posición y la función que ocupaba antes de la guerra. Asimismo, se han vuelto a incluir los edificios emblemáticos: Ayuntamiento, Bolsa, galerías comerciales, iglesias... Barandillas y paseos, organizados en islotes, restablecen la disposición tradicional de los patios, las calles, las plazas o los jardines públicos. Estos islotes de viviendas, abiertos, traducen el principio moderno del «derecho a la tranquilidad, al aire, al sol y al espacio».

Entre 1945 y 1964, unos cien arquitectos realizaron el proyecto; crearon un conjunto paisajístico con una coherencia excepcional en el que los edificios muestran diversas variantes de un mismo lenguaje arquitectónico.

La inclusión en el Patrimonio Mundial

Aunque parezca que, en general, la arquitectura moderna y, en particular, el trabajo de Auguste Perret solo se ha reconocido con la inclusión en 2005 del centro-ciudad de Le Havre en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO, en realidad se trata de una imagen equivocada.

En efecto, incluso aunque la atribución de dicha distinción resulte una primicia en Europa para un patrimonio posterior a la Segunda Guerra Mundial (dado que el otro único ejemplo en el mundo es la ciudad de Brasilia), esta representa la culminación de un proceso de patrimonialización muy largo, emprendido desde el final de la reconstrucción de la ciudad. Con el impulso del Instituto Francés de Arquitectura (IFA) y gracias al trabajo de investigadores e historiadores, este patrimonio se beneficiará de una nueva visión. Por ello, la Ciudad de Le Havre se esfuerza por conservar y restaurar los edificios reconstruidos, mediante la implantación de una Zona de Protección del Patrimonio Arquitectónico Urbano y Paisajístico (ZPPAUP) y, a continuación, en las gestiones de revalorización y animación de dicho patrimonio al obtener la clasificación «Ciudad de Arte e Historia». Esta evolución previa y la calidad del expediente de candidatura permitieron que finalmente se incluyera, en julio de 2005, en la lista de Patrimonio Mundial.

La revalorización del patrimonio: la clasificación Ciudad de Arte e Historia

En 2001, Le Havre se unió a la red nacional de Ciudades y Zonas de Arte e Historia, al implantar entonces un conjunto de acciones de mediación alrededor del patrimonio, en todos sus ámbitos: arquitectónico, histórico, social, humano. La obtención de la clasificación se articuló alrededor de la  arquitectura de los años 50, al presentar los objetivos del servicio encargado de revalorizar y sensibilizar a los habitantes, en especial a los más jóvenes, con esta arquitectura ya entonces integrada en el patrimonio. Las gestiones de Le Havre se centraron reunir dos ámbitos, el turismo y la animación del patrimonio, cuyas competencias se suman y refuerzan la calidad de las prestaciones propuestas al público.

La imagen y la percepción de Le Havre han cambiado de manera profunda desde la inclusión del centro reconstruido en el Patrimonio Mundial. También la mediación se amplía a otros ámbitos que entran en liza: exposiciones, eventos, bienales de arte contemporáneo, reestructuraciones del territorio y proyectos urbanos de importancia. Todos estos elementos se diseñan y reciben entre otros indicadores.